domingo, 11 de octubre de 2009

Oídos Gordos 11 de octubre

Nos juntaríamos a las 11 a.m. donde siempre, detrás de los pintores de la Plaza de Armas de Santiago. Con el cambio de hora y demás descordinaciones, estuvimos funcionando algo más tarde, de todos modos, el stand "oidor" se armó con café, té y galletas para todos aquellos que quisieran compartir algo de sus vidas con nosotros, una pequeña conversación e interacción con el resto.
La primera persona que se acercó fue una mujer con una historia bastante triste, hablaba con palabras fuertes y muy segura de lo que decía, según me contaban mis compañeros. Yo llegué justo cuando ella se alejaba y les gritaba de lejos: "con algo tan sencillo hicieron tanto". Me emocioné, sinceramente.
Esta vez la gente se demoró mucho en acercarse, las otras veces ni tanto, será que los domingos hay menos gente, qué se yo. Llegó un amigo que había estado con nosotros una vez antes y que había sido medio mala onda, ahora era todo lo contrario. Conversamos de cine, de iglesias, de Concepción y de tanto más. Luego se acercaron otros hombres, un músico pianista que portaba un violín: Cristián, nuestro ya viejo amigo de Oídos Gordos: John el colombiano, también llegó Fernando en dos ocasiones distintas pues andaba haciendo cosas y nos pasaba a ver.
Con cada uno compartimos de nuestras vidas. Es extraño y reconfortante darse cuenta que uno puede tener en común cosas con cualquier persona, ya sea que simplemente tengamos los mismos gustos para algunas cosas o que hayamos nacido en el mismo lugar, que hayamos visitado los mismos pueblos, etc.
Y las coincidencias no han sido solo esas, si hay algo que podemos decir de las tres o cuatro salidas de Oídos Gordos que hemos hecho es que: 1-. siempre se nos acercan más hombres que mujeres y 2-. casi todos son de Concepción, o nacieron o vivieron mucho tiempo ahí. Es gracioso pensar en eso.... pero se siente como si Conce nos dijera algo con tanto penquista conversador. Habrá que darle un par de vueltas.
Lo más interesante que ocurrió es que uno de nuestros conversadores era un vendor ambulante (que de hecho, venía llegando de Conce con su mercancía). Él traia pelotas de fútbol de colección de la Selección Chilena, John se animó y compró una para llevarle a su sobrinito en colombia, pero decidieron probarla. Así fue como se armó el cuento: tres personas jugando a la pelota en frente de la Catedral en la Plaza de Armas. Se sumó a ellos un hombre jóven que hacía humor, ahora eran cuatro. Respondieron a la invitación entusiasta de uno de nuestros "oidores", Rodrigo, dos brasileros (uno con una lata de Escudo que no soltó ni por si acaso) y ya eran seis. A ellos alternadamente se sumaba la gente que iba pasando por el lado y hacía unos pases, también los que miraban y ayudaban a que no se escapara la pelota, llegaban y se iban futboleros. Llegó una familia, jugó el papá y los tres hijos, la mamá miraba encantada, a ellos se sumaron un grupo de mimos (para hacer la versión del fútbol mudo) y ya no sé cuántos eran.

¿Se imaginan?
Jugamos, conversamos, nos sacamos fotos, nos reímos... y todo así, espontáneamente. Si hay algo que puedo recomendar en la vida es sumarse a la alegría de otros, compartirla y disfrutarla, por eso le agradezco tanto a esas personas que pasaron a conversar y a jugar con nostoros y que compartieron sus palabras y sus piruetas futbolísticas.




Camila Camacho




1 comentarios:

María Fernanda dijo...

Excelente. Creo que este domingo fue uno de los mejores
Buen escrito Mila, por lo menos me identifico totalmente.

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